jueves, 22 de septiembre de 2016

Fuera de Eje



FUERA DE EJE

Exclamaciones y gritos al cielo han sido la reacción de empresarios y políticos locales expresando su malestar por la no inclusión de Almería en el gran eje de promoción turística impulsado por Málaga, Granada, Córdoba y Sevilla para mercados de alto poder adquisitivo.

Si tenemos en cuenta que se creará un producto dirigido a un visitante de un poder adquisitivo medio-alto y con la cultura como principal motivación, no es de extrañar que la provincia quede excluida del mismo.

Todos hemos padecido la situación: unos familiares o amigos de fuera que deciden pasar unos días en la ciudad y debes hacerles de cicerone. Si es en verano lo solucionas muy fácilmente, al Cabo a que flipen con las playas y por la noche atibórralos de tapas por el centro. Pero, como sea invierno o esté nublado, qué carajo haces con ellos.

Basta con lo difícil y caro que es llegar para que, una vez aquí, no haya nada que ver ni que hacer respecto a lo que el turismo cultural se refiere. Está claro que Almería no puede competir con la Alhambra de Granada, ni con la Mezquita de Córdoba, ni con los museos de Málaga, ni con la Cartuja sevillana, pero mantener en estado de derrumbe paliativo a la Alcazaba de Almería tampoco ayuda mucho.

Dos instituciones de prestigio como son el Museo de Almería y el Centro Andaluz de la Fotografía no son suficientes para figurar en el citado plan de promoción turística. Curiosamente, son tuteladas ambas por la misma institución que la Alcazaba.

Sin casco histórico que ofrecer a los viajeros, la ciudad carece de un proyecto sólido que marque la dirección en la que se debe trabajar. Altamente loables son las actuaciones llevadas por el Museo de Arte con la exhibición de una colección de artistas locales, pero lamentablemente nadie va a elegir su destino turístico por contemplar un Perceval o un Capuleto. 

Es imprescindible ser consciente en qué se destaca, en qué se es único, para potenciarlo y poder ofrecérselo a los demás. El cine podría ser una de las apuestas, pero siempre que se realice de una forma seria. No dudo ni un instante en la buena intención de nuestros líderes al intentar poner en valor el pasado cinematográfico de la provincia, pero se requiere algo más que limpiar de jeringuillas una escalera y poner un metraquilato; ni llamar museo a algo que no contiene ni una sola pieza original.

Mientras no exista plan conjunto de políticos, empresarios y diferentes estamentos de la sociedad que diluciden, para después apostar por él, qué tipo de turismo queremos, si cultural o de playa, y se arregle de una vez por todas el problema de la comunicación, seguiremos excluidos de todos los ejes habidos y por haber.

Antonio Jesús García

Publicado La Voz de Almería (22-9-16)


jueves, 15 de septiembre de 2016

Alarma en el CAF


ALARMA EN EL CAF

Justo cuando están a punto de cumplirse 25 años de la creación del Centro Andaluz de la Fotografía, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía anuncia el inesperado y sorprendente cese de Pablo Juliá, director del centro. Al ser un puesto de los denominados de libre designación las objeciones o aplausos ante tal decisión, imagino, irán en función de las filias o fobias que cada uno albergue respecto al señor Juliá. 

Lo realmente y sorprendente del caso es, al parecer, la intención de la Consejería de no designar a otra persona para su puesto. Extraña circunstancia ésta que los agoreros aprovechan para no vaticinar otra cosa que el cierre de la institución, haciendo saltar rápidamente las alarmas entre el ámbito cultural y fotográfico de la ciudad, al tiempo que el oscurantismo de la Consejería no ayuda a aclarar la situación.

Es más, la experiencia insta a la preocupación, pues no es la primera vez que por motivos culturales, económicos o vaya a saber usted cuales, las instituciones son descabezadas y sumidas en la dejadez. El fotógrafo José María Mellado, en una atinada carta abierta, insta a la Consejería a reflexionar ante lo que supondría  semejante torpeza.

Las instituciones, los museos, tienen que funcionar con un proyecto, una cabeza visible a quien atribuir los éxitos, o los fracasos, de la gestión. Vicent Todolí fue el encargado poner en marcha el Institut Valencià d'Art Modern, IVAM, cuyo éxito de gestión le llevó, casi contra su voluntad, a coger las riendas de la Tate Modern Gallery. A pesar de los recortes que ha tenido que asumir durante su mandato, el director del Reina Sofía, Manuel Borja –Villel, no ha dejado de ofrecer una sólida y consistente programación. Sin duda alguna el CAF es la institución cultural más prestigiosa que existe en la provincia y su éxito está directamente ligado a la labor de, hasta ahora, dos directores: Manuel Falces, un visionario con el que la sociedad siempre estará en deuda,  y Pablo Juliá, continuador del proyecto y que ha seguido ofreciendo continuas exposiciones de máximo nivel nacional e internacional a pesar de las adversidades.

Resulta totalmente inverosímil que un centro pionero y único en el estado español y que debía estar preparando orgullosamente, con el señor Juliá a la cabeza, los fastos de sus bodas de plata se encuentre convulsionado por semejante tropelía.

En vista a lo dados que somos a encontrar culpables siempre lejos de nuestras fronteras, cabría preguntarse por qué los políticos locales han consentido, año tras año, la paulatina reducción de presupuesto de funcionamiento del CAF hasta reducirse a cifras prácticamente irrisorias sin decir esta boca es mía.


Antonio Jesús García

(Publicado La Voz de Almería 15-9-16)



viernes, 19 de agosto de 2016

Feriemon Go


FERIEMON GO

Las antiguas Ferias de Ganado, origen de las actuales, convocaban multitud de gente durante varios días y se formaban fiestas con bailes, atracciones, puestos de comida, etc. Concebidas como elementos de asueto, estas  cumplían un fin social y popular, perdiendo ese carácter a medida que el poder político y religioso se hace cargo de las mismas.

El pueblo es el alma e identidad de la fiesta. Es la proclama oficial. Cuando lo único que se espera del mismo es una sumisa actitud consumista, sobre todo en lo que a atracciones, espectáculos y bocadillos de morcilla se refiere. En cuanto a señas de identidad, los vestidos de sevillana, el vino de Los Maños y los puestos de kebab, parecen aportar poco al respecto.

Actualmente no es necesario esperar un año para marearte en una noria o ponerte ciego de manzanilla, por lo que cabría preguntarse por el sentido de una feria pensada para una sociedad bastante más austera que la híper consumista de hoy.

Malabaristas, payasos, la increíble mujer barbuda, el hombre más fuerte del mundo, y el domador de leones eran las atracciones de antaño. Hoy el espectáculo está en la calle. Basta con dirigir la mirada hacia la gente de alrededor, e incluso mirarse al espejo.

Como si de una catalogación antropológica se tratase, todos somos dignos de ser identificados y clasificados respecto a algún estereotipo: La que va a los toros como si fuera a Ascot, la que luce vestido de faralaes en el tendido de sol, la pareja, ella maqueada como para un casting y él en bermudas y camiseta imperio, el que salió a la feria de mediodía  y llega perjudicado al teatro, el que va de rociero, el que toma barbadillo con chaqueta y corbata a cuarenta grados a la sombra, el político gorrón que está en todos los saraos, el que lleva tres días sin dormir, el que sigue a la charanga por el paseo, el que se pelea con los municipales por haber aparcado mal, el abonado a los pinchos de cordero, el que carga con el enorme y horrible peluche que le ha tocado a la novia en la tómbola, el que vende albahaca, el tío del tambor, el de la ramita de romero en el bolsillo de la camisa, el niño que llora, el que se muere por salir en la foto de la caseta del periódico, el que escribe artículos pseudo intelectuales, etc

Una propuesta por si alguien acepta el reto: Feriemon Go, una aplicación parecida a la de cazar Pokémons, y a gozar de la fiesta. Mientras tanto, pertenezcan  e la categoría que sea,  disfruten de la Feria.


Antonio Jesús García


(Publicado La Voz de Almería 19-8-16)


jueves, 30 de junio de 2016

Con Elegancia


CON ELEGANCIA

Figura imprescindible de la música popular, al margen de su innovación, por la profundidad intelectual de su trabajo, fallecía hace casi seis meses ya, David Robert Jones, llamado artísticamente David Bowie. Tildado de camaleón musical gracias a su perpetua reinvención, su legado desborda la cultura pop para influir en otros campos como la moda.

Sólo después del deceso se supo que, tras haber sufrido seis infartos en los últimos años, el artista llevaba 18 meses luchando contar un cáncer de hígado. Alejado de la vida pública desde hacía tiempo, sólo sus allegados sabían de su dolencia, ni siquiera los músicos con los que trabajó hasta el ultimo momento conocían su padecer.

Bowie pretendía finalizar a tiempo los proyectos que tenía en marcha. Blackstar, su soberbio último álbum que veía la luz tres días antes de fallecer, está plagado de pistas sobre su muerte. En el video que acompaña al single de Lazarus el propio Bowie parece contarnos una historia desde el más allá: Mirad aquí arriba, estoy en el cielo. Tengo cicatrices que no se ven.
Inquietantes voces y coros con atmósferas siniestras en un tono lúgubre y agónico que cobran aún más significado al conocer las circunstancias de su creación.

El músico, que supo en vida provocar y llamar la tención como nadie con sus múltiples disfraces y personajes, eligió la absoluta discreción para abandonarla. Algunas voces opinan sobre la conveniencia de lo contrario, de hacer públicas este tipo de enfermedades con el fin de concienciar al personal sobre las mismas. Evidentemente no vamos a declararnos en contra de ello, pero sí del circo mediático en que algunos enfermos lo convierten, en el que todo vale: anuncias padecer una grave enfermedad y a los tres meses apareces tan campante o das ruedas de prensa en zapatillas.

La circunspección de su actitud ante la enfermedad contrasta con la de otros personajes dispuestos a pasear sus miserias en púbico en pos de suscitar una indulgente ola de pena y lástima o de hacer una buena caja.
Tony Visconti, su productor, confirmó que Blackstar estaba concebido como un regalo de despedida para sus seguidores. Es el único álbum en el que el cantante no aparece en la portada y guarda una última sorpresa: la edición en vinilo tiene una estrella troquelada en la portada que, con la luz solar, se convierte en un firmamento de brillantes estrellas.

Con su gran estilo, en una era en que la frivolidad y la desvergüenza parecen haberse instalado en gran parte de la sociedad, el señor Bowie nos dio una lección más despidiéndose con elegancia.



Antonio Jesús García

Publicado La Voz de Almería (30-6-16)




Pueblos del Mundo: ¡Extinguíos!

PUEBLOS DEL MUNDO: ¡EXTINGUÍOS! La creatividad es la capacidad de generar nuevas ideas o conceptos a base de asociar entre s...