jueves, 6 de marzo de 2014

Yo de ti no lo haría, forastero.


YO DE TI NO LO HARÍA, FORASTERO.

No dejan de sorprender algunas voces y reacciones en contra del director David Trueba y del cine en general y su relación con Almería.
Normalmente siempre se intenta arrimar el ascua a la propia sardina. Caso digno de mención es el del esquiador nacionalizado español Johann Mühlegg, que cuando no cesaba de recibir medallas de manos de autoridades y políticos era Juanito, sin embargo, en cuanto se descubrió que iba más puesto que un corredor de bolsa de Wall Street pasó inmediatamente de nuevo a ser alemán. Habilidosos en estas lides son los austriacos; Hitler, austríaco de nacimiento, ha pasado a la historia como alemán, al tiempo que Mozart, de nacionalidad alemana, nacido en Salzburgo cuando era protectorado germánico, ha pasado a la posteridad como austríaco.
Negar la relación de la cinta de Trueba con nuestra región es negar la mayor. Afirmar que el cine no ha dejado ningún poso en nuestra provincia, en el caso de ser ello cierto, no es achacable precisamente a la industria cinematográfica. El humorista americano Bob Hope contaba un chiste que venía a decir algo así: dos estrellas de Hollywood se encuentran por la calle, entablan conversación mientras prosiguen trayecto, al llegar el momento de separarse uno de ellos dice: bueno, ya continuamos hablando en Almería; dando por sentado que cualquier actor que se precie acababa pasando por nuestra ciudad, como seña de una presencia internacional muy anterior a la de los frutos y hortalizas.
Al visionar western clásicos observamos árboles, vegetación, ríos, etc. Sin embargo, la imagen del género identificada internacionalmente no es la de los filmes originales americanos, sino la del paisaje almeriense. Steven Spielberg, una de las figuras más importantes e influyentes de Hollywood, decidió rodar en nuestra ciudad una entrega Indiana Jones por filmar en los mismos parajes donde había rodado David Lean. Si no hemos sabido sacar el suficiente partido a esto es para mirárnoslo.
Quien sí supo hacerlo fue un joven Martín Cuenca, que aprovechó que un señor de León llamado Felipe Vega rodaba en su pueblo para dar sus primeros pasos con la industria. Lo que, unido a su trabajo y gran talento, le ha llevado a estar nominado para los Goya. Verlo ahí sentado en la ceremonia, aún a sabiendas de sus escasas posibilidades de triunfo, debería ser más que motivo de orgullo para todos los almerienses.
Está claro que políticamente se podría haber actuado de otra forma, pero de ahí pegarnos tiros en el propio pie hay un trecho. Yo de ti no lo haría, forastero. 

Antonio Jesús García. 

Publicado La Voz de Almería (6-3-14)




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