jueves, 23 de abril de 2015

Ahí va la Hostia, Pues




AHÍ VA LA HOSTIA, PUES

Tras el incuestionable éxito en la gran pantalla de Ocho apellidos vascos encontramos chicarrones del norte hasta en la sopa. Digno de estudio para los sociólogos es la mutación en el imaginario popular del vasco serio y mal encarado, más aun si el lote venía acompañado de capucha y pistola, en ser ahora la salsa de toda comedia que se cocine en el ámbito de lo audiovisual, ya sea en obras de teatro, spot publicitarios, galas de premios o series de televisión como Allí abajo, estrenada con gran audiencia por Antena 3.

La primeras piedras las pusieron los guionistas Diego San José y Borja Cobeaga, años antes de hacerse cargo del film de Martínez Lázaro, cuando en 2003 cogieron las riendas del programa de la televisión vasca Vaya semanita. Frente al supuesto poco sentido del humor que poseían los vascos en relación a ciertas cuestiones consideradas tabús, ellos se atrevieron a burlarse de ETA y a tratar con desvergüenza y descaro cuestiones como el sexo, la corrupción o la idiosincrasia propia. Su imparcialidad en el tema político fue tal que los de un bando consideraban el programa afín al otro lado y viceversa.

Ya en 1988 Los Guiñoles de Canal Plus, inspirados en Les Guignols de I´lnfoa  franceses, a su vez inspirados en el Spitting Image británico, habían osado abordar con humor la actualidad política, aunque de una forma mucho más blanda y suave que en el programa vasco.

Lejos del estereotipo de antebrazos y cuello enormes y mentón prominente de Josechu el vasco (sin tx), el  personaje creado por Muntañola para TBO, el mayor logro de San José y Cobeaga es haber logrado que los vascos se rían de ellos mismos, incluso con un tema tan delicado como el terrorismo. Cabe recordar que el espacio se mantuvo nueve temporadas en pantalla a pesar de las duras críticas vertidas contra ETA, coincidiendo además con el periodo de actividad de la banda.

Un humor exportable además, comprensible para el resto del país, no como, en el mejor de los casos, el decimonónico humor andaluz de los hermanos Álvarez Quintero, que sólo es comprensible para uno cuantos sevillanos y poco más. Y digo en el mejor de los casos, porque la mayoría de las veces basan su maldita gracia en el supuesto acento andaluz genérico, en limitarse a decir quillo, mi arma, y esas cosas. Como si se hubiese doblado el mapa por la mitad propiciando el reencuentro de las dos orillas, la norte y la sur.

Ante la sobreexposición a aitás, amás, patxis, y marmitakos a los que estamos sometidos, cabe preguntarse ¿cuánto tardará el humor catalán en hacer algo similar? O el gallego. ¿Rajoy dando una rueda de prensa por un plasma, valdría? Ahí va la hostia, pues.

Antonio Jesús García

Publicado La Voz de Almería 23-4-15

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