jueves, 11 de diciembre de 2014

20 Años No Son Nada (O Sí)


20 AÑOS NO SON NADA, (O SÍ)

Cuando hace 20 años el Estado español decidió encargar un retrato de la Familia Real, se pensó, y con razón, que nadie más indicado que Antonio López para la realización de semejante obra. Pocos artistas gozan del prestigio y la destreza del de Tomelloso. El pintor, como en el tango popularizado por Gardel, debió pensar que 20 años no son nada y este ha sido el tiempo empleado en concluír dicho encargo.

De entrada, al contrario que en El Guernica de Picasso, que por mucho tiempo que pase siempre se nos antoja contemporáneo, éste nos parece caduco desde su inicio, pues hace veinte años ya nos parecería obsoleto por la rigidez y falta de vida de los retratados. Como acierto reseñar el despojamiento del boato y actitud regia tan común en obras similares, en un intento de convertir a la Familia Real en ciudadanos sin ningún aura de fascinación.

El tiempo ha propiciado que, lo que pretendía ser un retrato al más puro estilo de un pintor de cámara, se nos presente como una suerte de hiperrealismo paradójico. Al contemplar la idílica y almibarada imagen de la Familia Real de aquella época, como en una especie de retrato de Dorian Grey a la inversa, desfilan a la vez por nuestra mente todos los pecados, abusos y tropezones de la misma.

Donde se pretendía representar a una moderna y trabajadora Infanta ahora vemos a una presunta cómplice de las fraudulentas actividades de su marido, eliminada de los retratos oficiales. Donde debíamos ver a una hija mayor, tradicional, apegada a su familia; la encontramos ahora divorciada con un hijo un tanto díscolo. La abnegada y profesional consorte se nos presenta harta y cansada de los devaneos de su esposo. Un rey que ya no reina apoyado en su familia, en segundo plano, parece querer ocultar cacerías y otros asuntos. Y el apuesto y casadero príncipe, ahora rey por una arcaica ley machista, está casado con una plebeya de peculiar familia e invisible pasado.

Convendría también plantear una reflexión sobre la vanidosa costumbre de las instituciones oficiales de encargar retratos muchas veces a precios astronómicos, incluso a artistas de segundo y tercer orden.

Hoy los ciudadanos en lugar de ver en la obra los tiempos de bonanza de la España de la época, pueden asociar los recortes que padecen como consecuencia de ello. El deterioro y descrédito sufrido en estos años por la Corona es tal que, de seguir en progresión, quién sabe si con el tiempo La Familia de Juan Carlos I, así se titula la obra, será conocida como el advenimiento de la 3ª República.

Antonio Jesús García


Publicado La Voz de Almería (11-12-14)


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