jueves, 14 de enero de 2016

Enseñando los Pedroches



ENSEÑANDO LOS PEDROCHES

Importante la polémica suscitada por el vestido lucido por una presentadora de televisión durante las campanadas de fin de año. Por un lado, hay quién mirando en el espejo de otras culturas lo esgrime como un triunfo de la libertad de la mujer. Y quién lo ve como una degradación de género, en la que, voluntariamente, se reduce a mujer objeto.

Mal vamos si la liberación de la mujer se reduce a que se hable de su cuerpo y su vestido y no de su hacer profesional. Evidentemente todo el mundo es libre de elegir el atuendo que le venga en la real gana, aunque cabría preguntarse si en este caso es consciente de que al pretender que se hable de lo que enseña en vez por su trabajo, como mínimo se está devaluando profesionalmente.

En absoluto es criticable el uso que de la moda se quiera hacer, pero si lo es el hecho de interpretar un papel donde se pormenoriza su inteligencia o astucia en comparación con la de su homólogo masculino, que además va vestido de traje. El esquema no es nada nuevo, una mujer ejerciendo de florero junto a un hombre contratado para ejercer su profesión.

El problema no estriba en que esta señora enseñe las bragas, las tetas o el mismísimo felpudo, sino que realiza el papel de tonta del bote. Exactamente el de tonta del bote enseñando las bragas. Lógicamente mostrar cacho no exime de cerebro, lo triste es que ellas, gustosamente, se presten a interpretar ese papel. A la mujer para ejercer su profesión y triunfar no le basta con su inteligencia y buen hacer, además debe de ser guapísima y lucir un físico de escandalo, mientras que a sus compañeros masculinos de profesión nadie los juzga por ser altos o guapos.

Existen multitud de informativos en televisiones de todo el mundo que aumentan su share de audiencia a base de presentadoras semi desnudas. Esto no sucede solo en el ámbito televisivo, Shakira, Beyonce, Miley Cyrus y tantas otras, juegan a ser cantantes al tiempo que pretenden incrementar sus ventas mostrándose tremendamente sexuales.

Manifestaciones cotidianas de machismo, reforzadas continuamente por determinados periodistas y medios de comunicación, como Antonio Burgos, columnista de ABC, quien desde las páginas de ese diario no duda en recurrir al insulto y llamar tiorras, feas, horrorosas y antiestéticas a las líderes de la CUP y Bildu. El insulto es el recurso fácil de quien carece de argumentos sólidos, o como dijo Quevedo: El insulto es la razón de quien razón no tiene. Calificar a una persona por su belleza o ausencia de ella, no solo es una muestra de mal gusto y una falta de educación, sino que al hacerlo sobre una mujer es una forma de legitimación de violencia machista, por mucho que después una se empeñe en ir por ahí enseñando los pedroches.



Antonio Jesús García


(Publicado La Voz de Almería 14-1-16)

2 comentarios:

La Hoguera de las Vanidades

LA HOGUERA DE LAS VANIDADES Tom Wolfe, conocido como uno de los padres del nuevo periodismo,   alumbraba en 1987 La Hoguer...